Mejor
tomo té de manzanilla
Para calmar mi tristeza, sembré semillas en el
jardín y ninguna creció en la tierra, aparecieron violetas azules en el tejado
y hartos claveles rojos en el colchón que un día fue matrimonial. Por más que
las arrancaba de la tela, volvían a brotar. Tenía la esperanza de tu regreso.
Salieron florecitas de manzanilla en la cocina
a las que no quité los pétalos, porque yo sabía que, al arrancar el último de
ellos, confirmaría que no me querías mamá y por eso me dejaste sola en la finca
cuando murió papá.
Religiosa mente
-Doñita, ¿qué es bueno pa´ que me baje la regla?
–pregunta la encargada de limpieza a mi suegra, quien abortó cuando era joven
porque en sus planes de vida solo había dos niños, según eligió su marido.
Ahora es religiosa, así lo eligió su marido, así funcionan las cosas en una de
las colonias más pobres de Chiapas, pero ve con misericordia a la muchacha de
16 años.
-No sé hija, es pecado. Seguí cargando cubetas de
agua con esmero y lo regás por el piso. Trapea hasta que el suelo esté bien
pulido. Barré y cuando terminés prepárate un té de ruda, pirul, piloncillo y te
lo tomás en ayuno. A la mejor ya te va vení tu mes y vos preocupada.
Terapia
ocupacional
Karla
Barajas
Armé una imagen
completa de mí, una y otra vez, pero la base en la que la me coloqué, se
sacudía constantemente. Me frustraba perderme o fragmentarme porque el perro de
la casa me aventaba cuando andaba en celo y se iba a la calle en busca de
hembras mientras yo me derrumbaba, o porque la familia se cansaba de mí. Ahora
que cambié de domicilio, muchas manos me apoyaron en mi reconstrucción.
Aunque me quedaron huecos y vacíos, gané una
red de amigas que no se cansaba de armar mis 42.000 piezas, mientras solucionan
sus problemas.
El quinto mandamiento
—¿Cómo pudiste violar el
cuarto mandamiento de la ley de Dios? No deshonrarás
a la familia Garza Maldonado. ¡Antes te mato, Amelia! —amenazó doña Ema al
enterarse que su hija estaba embarazada de Cipriano Santiz, un militar casado. Le propinó
una golpiza y ella no se defendió.
Amelia no salió
de casa después de eso. Cipriano tampoco reclamó aquel cuerpo. Él fue el peor:
también la golpeó en cuanto ella le dijo que tendría a su hijo y que
vivirían con su madre. Cuando doña Ema murió, Amelia se levantó de la cama
en la que estuvo durante treinta años y frente al espejo se espantó al ver la
forma de su cráneo debajo de la piel seca. Recordó un aforismo de Sergio
García Clemente: “Un amor tardío es un buen lugar para resucitar” y pensó con
deseo en Cipriano. Se maquilló los pómulos y llegó hasta la casa del hombre,
quien, al ver un cadáver pintarrajeado frente a su puerta, sufrió un infarto
fatal. Su cuerpo, aunque viejo, le serviría para volver a vivir.
Sanación
Karla
Barajas
“¿Quieres
conseguir trabajo, encontrar esposa, evitar abortos, curar la infertilidad y
erradicar la brujería?”, prometía el cartel que lo condujo a las puertas del templo en
busca de ayuda.
—Su madre murió
y nosotros lo adoptamos. Desde que él llegó a la casa me salieron manchas en la
cara y el cuerpo, tuve varias enfermedades, entre ellas neumonía. Pastor,
necesito trabajo, pero también su apoyo porque mi nieto es brujo, estoy seguro,
lo confesó luego de pegarle en la espalda con un machete al rojo vivo. ¡El
quebrantó a su difunta madre y ahora a nosotros!
Aunque el
pastor sabía que las manchas eran sarcoma de Kaposi, y que la madre del pequeño
murió de SIDA, en Akwa Ibon hacerles enfrentar la enfermedad era poco
apreciado, tanto que se le conocía como la inmaculada pureza del acto inútil.
El Pastor se ofreció a sanar al niño con métodos menos brutales que quemarle la
espalda. Con suerte el pequeño resistiría las pruebas de Dios y se convertiría
en devoto.
Ruptura
Karla Barajas
“Treinta
minutos para beber manzanilla, tila o canela”, decía la abuela mientras
tomábamos el té. Un día, me legó su taza favorita y me dijo con voz ronca:
“Para que tomes tu tiempo y recuerda que una taza de té quita el estrés”. Le
prometí regalarme media hora del día para beber algo, porque ella notó que mi
existencia no me pertenecía. Así fue la vida para mi abuela y mi madre, pero la
veterana a pesar de ser esclava poseía su hora del té. “Tú no seas sumisa”, me
dijo, aunque a ella la maltrataban sus patrones y el abuelo, “¡Amalia, rompe la
tradición!”
—¡Estúpida, te ordené que
también me sirvieras una taza con té! —dijo él, interrumpiendo mis
recuerdos. Yo sostenía el legado de mi abuela, tenía el sabor a manzanilla en
la boca, que por el coraje se hizo amargo al tragarlo.
Me estresé tanto, apliqué sus consejos y esa tarde mi herencia y yo rompimos la tradición de esclavitud doméstica al estrellarla, accidentalmente, contra la nariz del gritón.
Tabú
Karla Barajas
Las hojas, raíces y semillas de sus plantas eran
fuertes, crecían rápido, así que continuamente le preguntaban cómo las cuidaba,
pensando que se trataba de algún fertilizante de su país. Cuando compartía sus
conocimientos en herbolaria le gritaban, “¡Qué asco!, ¿contaminas la tierra con
tu sangre?”
El día que la encontraron en un campo algodonero a ras
de suelo, nadie dijo: ¡qué asco de ser humano derramó la sangre de una mujer en
nuestra tierra!
Cíclica
Karla Barajas
La pintora recolecta materiales, pinta de rojo sus
lienzos, se siente liberada cuando las historias en su mente se desprenden y se
vuelven imágenes que la gente de su comunidad, en Nepal, se niega a ver, pero
que observan desde la ventana de una casa que funge como galería, mientras los
visitantes y coleccionistas de arte comentan su obra y la adquieren.
Durante el séptimo día, del séptimo mes, la pintora
deja en su puerta la pieza de arte menstrual que más le gustó.
La artista sabe que alguna niña se la llevará a su
casa, la esconderá y cuando su ciclo de encierro y aislamiento comience porque
está menstruando, la pequeña recordará que la menarquía no es un castigo,
es natural y su sangre puede ser un material para algo tan supremo como una obra de arte,
aunque su familia y la sociedad le enseñen lo contrario.
UNA HISTORIA DE VIDA INVEROSÍMIL
Me dijeron que mi cuento era inverosímil porque una niña gorda, de diez años, caminando en las calles, no sería nalgueada ni los borrachos le gritarían: “Mamacita”. Recordé porque no le contaba a nadie los abusos que vivía en las calles, cuando tenía 10 años y era gorda.
(Karla Gabriela Barajas)
Publicada en:
II
Barreras
¿Cuándo y cómo fue tu primer acoso?, preguntaron en twitter. El mío a los diez años, el del resto de
mujeres entre: 7, 8, 9, 10 y 11 años. Se hicieron gráficas, se hizo noticia
viral, pero cuando lo he escrito en un cuento, me han dicho que es inverosímil
que a una niña la toquen en las calles o le digan mamacita.
En el país impenetrable de
las fantasías masculinas, nunca entraran las realidades de violencia de las
niñas.
I. Abuelo y papá
“Bonita la chamaca”, “Salió con su domingo siete”, “Como el papá es tan buen papá le mantiene el chamaco, saber si no tendrá más hijos”, “Qué bueno que la sacaron de la escuela y la mandaron a trabajar de criada, así aprenderá”, decían en mi colonia. El cuerpo no aprende, ahí estaba yo embarazada y explicándole a mi madre que el niño era de su esposo, mi padre, sin que mamá me creyera una vez más.
I. La deuda
-¡La muerte! –anunció el Gritón y señaló la carta del juego de lotería de don Alfredo.
-Abuelito, tienes la carta ganarás la apuesta, di lotería –informó Lorenzo, el nieto pequeño a su cargo.
Lorenzo dio un codazo al apostador. Don Alfredo temblaba de frío, su nieto sudaba por el calor o los nervios, era mucho lo que estaba en juego. Una vez más zangoloteó a Don Alfredo quien cayó sobre la mesa.
-Lotería -dijo la muerte a Lorenzo, el ahora huerfanito.
III. Competencia
Los alumnos y maestros criticaban la falta de espacios para publicar, el nepotismo dentro de las instituciones culturales y la carencia de técnicas de quienes escribían cuentos; así que las autoridades de la facultad lanzaron la primera convocatoria para publicar un libro de ese género.
“El jurado estará conformado por escritores de otros estados y los cuentos se firmarán con seudónimo para evitar cualquier tipo de favoritismo”, decían las convocatorias pegadas en varias áreas de la facultad y que los alumnos, hasta maestros, fueron despegando y tirando a la basura.
“Faltó publicidad” dijeron cuando el premio se declaró desierto.
https://11328.home.blog/2020/02/15/escritoras-itinerantes-karla-barajas-cuatro-mini-ficciones/
Pasó hace trece años
por Karla Barajas
Llamé a una de las amantes de mi ex esposo por teléfono, pretendía hacer con ella y con las otras chicas el acto de sororidad que nadie hizo conmigo. No me molestó que jurara desconocer que Alejandro tenía un hijo y esposa. Ella mentía, el degenerado se tomaba
fotografías mostrándose desnudo, a un lado de mi retrato y, se las mandaba.
Cuando me dijo: “pasó una vez hace 13 años”, me di cuenta que acordaron
hacerme creer que sus fornicadas ocurrieron antes del nacimiento de mi hijo y del divorcio de Ana. No la juzgo, era presa fácil para un hombre con síndrome de Casanova. Lo que me fastidió fue su risa burlona, seguido de un: “pasó hace tanto”.
Le colgué el teléfono sin decir más. Quizás Alejandro solamente le contagió lo mitómano y no el Virus de Inmunodeficiencia Humana.
https://lacoyolrevista.com.mx/2020/04/24/paso-hace-trece-anos/
Viral
Mi niña de cuatro años duerme en el carro, mientras corro para comprar
la despensa en el supermercado. En mi frigorífico queda un melón con olor raro.
Tomo frijoles, arroz, la canasta básica, hago la cola, y pienso en mi hija.
Ruego a los de la fila me dejen pagar porque mi niña está sola.
“Estúpida, irresponsable”, “Qué pensabas al traerla”, “Aquí no se traen
niñas”, “Cómo la dejas afuera”, “Cómo la sacas si estamos en cuarentena”, me
gritan y ninguno cede el lugar. Mi ex esposo me manda un mensaje diciendo que soy
la peor madre, me grita que vea un vídeo donde mi niña se despierta y llora de
hambre o por soledad, porque le está costando respirar, porque las niñas de
cuatro años no entran al supermercado como medida de protección para no
contagiarse. Mi chiquita llora viendo cómo la graban, yo también lloro, veo que
el vídeo de: “Madre irresponsable deja a su hija en el carro”, se hace viral
como la pandemia, mientras yo espero en la fila, escuchando los insultos hacia
mí, pero viendo que sigue viva.
Quedamos
en silencio
Con los años podía
perder la audición por completo en el oído izquierdo. Así que cuidamos que
Catalina no estuviera expuesta a sonidos altos, que ninguna de sus gripas fuera
mal atendida. En menos de cuatro años quedó sorda. “¡Pero su niña tiene la
oportunidad de escuchar con la operación del implante coclear!”, nos explicó el
intérprete de la lengua de señas y nos llenamos del sonido del corazón
rebotando contra el pecho.
Interpretaciones
Karla Barajas
Las
plumas significan la capacidad de llevar a cabo la voluntad divina, así que la
esclava náhuatl estaba preocupada porque mientras barría le cayeron plumas de
colores en la cabeza, que se pintaron de rojo y luego se blanquearon.
—¿Y
si la voluntad divina es embarazarme a través de las plumas como le pasó a
Coatlicue? ¿Qué significan estas plumas? Las plumas verdes, amarillas y rojas,
pueden ser…
—Quetzalcóatl
—le respondió una divinidad.
—Las
de colores del colibrí…
—Huitzilopochtli
—le explicó una Diosa.
—¿Por
qué se han vuelto blancas? —esa última divinidad le conversó en una lengua
incomprensible hasta para ella, que era intérprete. Si hubiera conocido al
Espíritu Santo habría entendido que pronto sería esclava de otra cultura,
porque la suya estaba a punto de caer, de teñirse de rojo hasta borrar sus
colores e identidad.
¿De qué te quejas?
Karla Barajas
—¡Arregla esos huesitos que hoy es Día de muertos!
Nuestros hijos nos esperaran con comida, velas, flores de cempasúchil, música,
trago.
—Mientras no encuentren la bolsa con nuestros restos
en la fosa clandestina, nos va pasar como cada año: ninguna vela nos conducirá
a nuestros hijos, no oleremos las flores de los otros difuntitos, no probaremos
de los taquitos. Este castigo, este aislamiento obligatorio es para nosotros
nomás por nacer y morir en Veracruz, la más grande fosa clandestina de México.
El golpe más doloroso
Una adivina lo predijo
hace una década: “Cuando tu hijo crezca acabará con tu hígado”. A los padres
siempre nos advierten, pero él no escuchó porque estaba confiado en que su
Jalil era obediente, seguía su ejemplo. Así que cuando el gancho al hígado, que
le propició el joven boxeador, lo tiró al suelo se sintió, además de adolorido,
orgulloso, porque su hijo lo había superado en el ring. Se fue a beber como era
su costumbre y ahí falleció por una congestión alcohólica. La noticia fue el
golpe más doloroso que Jalil recibiría en su vida.
Cállense
Karla Barajas
Desde que inició la cuarentena percibo los gritos de los niños, mientras hago mi desayuno, cuando escribo, a la hora del home office… ¡no logro concentrarme! y no sé cómo mantener mi productividad, si esas voces siempre están en mi mente.
El otro día realizaba una lectura desde mi residencia, sus alaridos, sus carcajadas ascendían, les chillé: “¡Cállense!”, las demás presentadoras me vieron con horror. Disimulé y alegué que mis hijos peleaban con palos y se podían lesionar. Al fin de al cabo, nadie imagina que vivo sola y no tengo descendencia.
2o lugar en el Tercer Concurso de minificciones del Taller de Literatura IER, UNAM.
Karla
Barajas
¿Hombre o mujer?
—Su
estructura ósea es más delgada que la de un hombre, ¿ves esta parte?, presta
atención, en especial a la pelvis —dice el
especialista analizando las características del cuerpo.
—¿Qué
es? —pregunta nerviosa Fanny López Jiménez, porque el sexo
importa y determina el lugar que ocupa la persona dentro de la sociedad, los
derechos a la educación, a gobernar, a una mejor alimentación. Eso nos
enseñaron hasta en las clases de historia, donde los hombres tomaban decisiones
y nosotras obedecíamos. ¿Qué es? ¿Hombre o mujer? La respuesta lo cambiará
todo, incluso el destino de Fanny. El especialista voltea, la ve sereno y le
contesta:
—Es
mujer.
La arqueóloga Fanny López siente un vuelco en el corazón.
Se dedicó a indagar de quién fue esa osamenta teñida de cinabrio, sepultada en
un sarcófago en medio de un templo: Una reina. Reina Roja, gobernante en vida,
mujer que con su cuerpo cambiaría los datos etnohistóricos y nuestra visión de
poder en el mundo maya. ¡Es mujer!
Reina con nombre propio
—Te
colocaré en el centro del templo, te entregaré mi corazón y mi sangre, lo juro.
Me sacrificaré por ti y pronunciaré tu nombre en lo más alto. Llenaré de joyas
y jades tu exuberante cuerpo, joyas de malaquita te revestirán y en tus oídos pondré
conchas. Te daré una diadema y centenares de piezas de jadeíta, huesos, perlas.
Te acompañaré hasta el Xibalbá para que estemos juntos en la eternidad. Serás
recordada en los relieves de nuestra historia por gobernar en tiempos de
guerra, veinte años nos liberaste de la esclavitud, la muerte y tu vida se
encontrará descrita en el tablero de La Nube Preciosa.
—Lo
sé, pero no eres tú quien me abrirá las puertas del inframundo, súbdito, los
honrados serán ese niño y esa joven.
Epitafio
Ser libres o
arrojarse al precipicio desde la peña que domina al río. Ser libres o morir en
el intento y que de nuestra sangre se tiña el agua a orillas del Cañón del
Sumidero y la ciudad en su costado lleve nuestro nombre: Villareal de los Indios,
la Chiapa de los Indios, Chiapa de Corzo. Ser libres o morir.
Mientras bato el cacao y el maíz del pozol con mis manos,
los turistas beben de nuestra historia. Y escuchan
ese epitafio de libertad tallado en mi corazón y se lo repito a quienes visitan
mi pueblo, para que no olviden que, desde el período postclásico mesoamericano,
las mujeres de Chiapa somos valientes y aguerridas.
Rutina de belleza
—Victoria pasó su
juventud cuidándose la piel para que pareciera como la de una muñeca de
porcelana: lisa, sin barros, pecas, o espinillas. Se lavaba con amoníaco y se
untaba ungüentos con arsénico y mercurio por las noches. Notó que con el tiempo
se le agrietó la piel de la frente y las comisuras de los labios, aumentó las
dosis de sus remedios caseros. Ahora, joven, ¿podría maquillarla como a ella le
gustaba?
—Desde luego señora,
el efecto porcelano con maquillaje está de moda —me explica el maquillista de
muertos.
Con olor a maíz
La niña hace tamalitos,
los mete en la paila para ser cocidos, le apartan los suyos y, se los come. Su
infancia transcurre feliz hasta que la primita de ciudad presume una muñeca
otomí, regalo de su tío Francisco. Cuando la muñeca queda en una silla, mientras
Rosita se va al panteón con su mamá, María se acerca sigilosa con las manos
llenas de masa. No la toca. Regresa a hacer tamales de bola; toma la hoja de
totomoste, la dobla e imagina que es un vestido de una muñeca. Construye un
cuerpo con hojas remojadas y el hilo de mamá. Tiene una muñeca con olor a
tamal. María tiene una infancia más feliz, desde ese día realiza deliciosas
muñecas de hoja de tamal.





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