¿Y todo para qué?
Karla Barajas
Me enteré
que mi novio tuvo varios accidentes en el trabajo, perdió las piernas y
otras partes del cuerpo que remplazó con prótesis de acero recubiertas con
estaño. Luego fueron los brazos, las vísceras y a pesar de que sabía que el
dolor físico desaparecía cuando se operaba, aguantó el padecimiento dentro de
su pecho hasta que le quedó solamente un trozo de la aorta. Aún con eso se negó
a trasplantarse un corazón porque pensaba que sin él no podría
amarme.
Tomé mis trastes de hojalata y los fundí para cocinarle uno, bañado con
mi sangre para que no me olvidará. Anémica, ojerosa, y demacrada se lo
entregué, pero me olvidó cuando lo tuvo entre sus manos y se lo colocó en
medio del pecho. “No siento nada por ti”, me dijo, y se fue de vago con sus
amigos y con una tal Dorothy Gale.
Por
el camino amarillo
·
Minificciones para no perderse
Karla
Barajas
Sabotaje
La
ansiedad me provoca ver a las personas como monos voladores, esbirros que te
hacen la vida de cuadritos porque alguien se lo pidió o les habló mal de ti,
alguna bruja quizás. Trataba de convencerme de que eran personas, ni buenas, ni
malas, personas chismosas, personas con algún desorden de personalidad, pero
gente real. “Tonta, no existen los monos voladores, siempre andas de paranoica”
me repetía frente al espejo, como un mantra, tratando de no verme las alas y la
cola mientras me insultaba.
SUPERSTICIONES
Karla
Barajas
Me
rompí una rodilla, al resbalar con mis zapatillas de rubí, en el Mago de Oz.
Cuando interpreté Cenicienta, las zapatillas de cristal se quebraron y
lastimaron mis pies. Culpan de mi descenso artístico al calzado de utilería,
pero fue la envidia de quienes gritaban:
—¡Rómpete una pierna!
CORAZONES
OXIDADOS
Karla Barajas
La rodeará por la
cadera, situará su pelvis sobre el hombro, descenderán en el suelo de la
cabaña. Disfrutarán del reflejo metálico de la cuchilla de bronce clavada sobre
la mesa y contemplarán los pectorales húmedos del leñador. Entonces sus lenguas
reptarán en la piel ajena. Las velas de vainilla, el jazmín, las gotas de
belladona, el masaje con aceites, el lecho en medio del círculo de sal, dará
resultados. Él empezará a olvidar a su novia. Seguirán besos negros en una
habitación donde, como un aquelarre, las sombras danzarán a su alrededor y un
hacha será encantada para que una racha de accidentes le acontezca al hombre, a
quien semanas después le pondrán prótesis en las piernas y en la cadera.
Entre
más pierda movimiento, se queje del dolor y de rigidez articular, la bruja
aumentará las medidas de fisioterapia, el aceite en sus articulaciones y
también su deseo por él. La mujer descubrirá que el rígido y oxidado leñador
también perdió el deseo. Lo encontrará lamentándose en el camino; “¡Úngeme con
tu aceite!”, rogará el leñador a la bruja, quien partirá lejos de él con sus
encantos y un frasco de aceite en sus manos.
¿Y TODO PARA QUÉ?
Karla Barajas
Me enteré que mi novio tuvo
varios accidentes en el trabajo, perdió las piernas y otras partes
del cuerpo que remplazó con prótesis de acero recubiertas con estaño.
Luego fueron los brazos, las vísceras y a pesar de que sabía que el dolor
físico desaparecía cuando se operara, aguantó el padecimiento dentro de su
pecho hasta que le quedó solamente un trozo de la aorta. Aún con eso, se negó a
trasplantarse un corazón, porque pensaba que sin él no podría
amarme.
Tomé mis trastes de hojalata y los fundí para
cocinarle uno, bañado con mi sangre para que no me olvidará. Anémica, ojerosa,
y demacrada se lo entregué, pero me olvidó cuando lo tuvo entre sus manos
y se lo colocó en medio del pecho. “No siento nada por ti”, me dijo, y se fue
de vago con sus amigos y con una tal Dorothy Gale.
Está en su lugar feliz
Karla Barajas
I
—¿En qué lugar te sientes feliz? —pregunta la estudiante de
psicología y el niño le susurra al oído.
—Ah… entonces, visita la tierra de Oz cuando nuestros padres
peleen. Sigue el camino amarillo, no hay modo de que te pierdas.
En la tierra de Oz,
el niño sintió tanta paz que disoció la realidad, se alejó de la tierra de
abusos. Su hermana no reveló su paradero. Él vivió en la fantasía para siempre.
II
Hice
amistad con: una huérfana, un hombre sin corazón, una bestia temerosa y un
descerebrado.
Tengo lo que a ellos les falta, una familia que me quiere demasiado,
tanto que me cuestionan: “¿A quién amas más, a mamá o papá?, porque a tu madre
no le importas, solamente quiere trabajar”. Ella responde: “Tu papá es un
psicópata narcisista, es violento, egoísta, ponte de su lado y verás cómo te
tratará”.
Quisiera tener el corazón oxidado, cerebro para saber qué contestar sin
que por ello me griten o peguen, ser fuerte, porque me orino cada vez que gruñen,
o me chupo las manos y entonces dejan de pelear entre ellos y dicen lo mal que
me porto. Me siento igual que los habitantes de esta tierra: perdido, un
espantapájaros, una bestia temerosa. Por eso, sé que pertenezco a Oz y la niña
huérfana, se parece a mi hermana, me guía.
Cada vez escucho menos los gritos de la casa, ya casi no me duele el
pecho o el estómago a causa del exceso de amor, cerebro y corazón.
III
¡No percibo
los gritos!, hay silencio, lo único que me preocupa es que el rostro de mi guía
se borra y no sé cómo voy a regresar sin su apoyo.
IV
—¿Toto?, ¡háblame! —gritaron en la casa de al lado.
—¡Fue tu culpa!
—No, la tuya.
Luego,
con los años, escuché llanto, el sonido de la televisión, las quejas de la
madre, el juego de futbol del padre. El: “Regresa, hermano, sigue el camino
amarillo para llegar a casa”. Y, poco a poco el silencio de Toto se extendió,
hasta que solamente oigo a una mujer que se lamenta: “¿Hijito, por qué si
naciste bien, ahora ni me hablas?”.
Se reparan chisteras
—¿En
serio, alguien paga tanto por reparar una chistera?
—Es
cosa de vida o muerte. A una maga se le descompuso el sombrero en plena función
de circo y de él empezaron a saltar conejos blancos, uno gris y por último uno
negro. Confundieron a la maga con payasa.
La afectada fue en busca de alguien que le reparara el sombrero de copa,
¡cobraba barato!, y sí que dejaron de salir conejitos, pero solamente del
sombrero, porque emergieron de la garganta de un desgraciado hombre que no
soporto vomitarlos y se tiró de un departamento ubicado en la calle Suichapa,
en Buenos Aires. ¿Así que me vas a pagar o no para que repare la fuga de
conejos de tu sombrero? No sea que por tu mezquindad fallezca alguien.
El complejo de Oz
En la primera clase magistral impartida por el gran
mago de Oz, los alumnos aprenden a convencer al mundo que poseen el don de la
magia; gracias al tiempo y estudios meticulosos en ilusionismo, cartomagia,
numismagia, mentalismo… lo obtienen. Eso sí, bajo severos castigos y la llamada
pedagogía del terror, que los vuelven seres autocríticos.
A pesar de sacar conejos de la chistera, por las
noches, los invade el fenómeno del impostor y se vuelven incapaces de
interiorizar sus logros, temen que serán señalados como un fraude por quienes
acuden al circo, mientras levitan tanto que pueden tocar el techo de su
habitación.

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