Minificciones navideñas






 Zapatos pirotécnicos

 

Quemaría los zapatos de piel viejos a media noche como dicta la superstición en el libro: ¿Cómo conseguir empleo de manera sencilla? Utilizaría calzado de plástico, incómodo, pero nuevos, eso ayudaría a que al siguiente año me fuera mejor que éste, en el que perdí mi empleo.

Arrojaría un cerillo sobre mis zapatos humedecidos con gasolina, mientras mis sobrinos quemaban triques a media calle. Y se me acercaron para preguntar por qué hacía algo tan peligroso. Les expliqué mis motivos.

 Se acercó una mujer pidiéndomelos y se los negué.

Maldita tacaña murmuró.

Recapacité. Estaba mal calcinar mis zapatos cuando no tenía dinero para comprar otros, o negárselos a ella, mujer descalza en Navidad. Se los regalaría, por eso la seguí, mientras los niños metieron y encendieron petardos y otro tipo de fuegos artificiales en el calzado.

Explotaron el par, las suelas se incendiaron. Un sobrino gritaba, le cayó un pedacito de cuero ardiendo. La señora me culpaba de la tragedia frente a los invitados.

Le pensaba dar trabajo dijo un primo viéndome con odio. Esa noche, junto con las suelas y el brazo de mi sobrinito… ¡ardían mis esperanzas!





 

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