Para ser una Barbie
“¿Para mantener mi figura? Sigo
las rutinas de Patry Jordan y Fausto Murillo, como seis veces al día, tomo
agua, duermo bien”. La única parte que omito contar a mis amigas son las
visitas al cirujano plástico.
La mejor
Esa navidad estabas ahogada en deudas, querías alimentar la
fantasía de tu hija de diez años quien te pidió una casa de muñecas. No te
alcanzó el dinero para comprar una de plástico y tomaste la Casa de Muñecas,
de Henri Ibsen. Corriste por el
supermercado con el objeto robado porque así podrías decir que Santa Claus
cumplió.
Tu hija quien corría a tu lado
agradeció por el libro y lo leyó completito mientras esperaba que te sacaran de
la cárcel. Al llegar a tu casa, descubriste que bajo el árbol había una casa de
muñeca de madera, con una nota firmada por mí. Así aprendiste la lección.
Una
Eva
Adán,
se acercaba la tormenta y no temí que me atravesara un rayo, al contrario, era
la atmósfera perfecta para recibirte. Me disfracé de muñequita de papel, con
una playera que tenía el rostro del protagonista de Frankenstein y unos
pantalones negros de cartón que solamente cubrían la parte posterior de mi
cuerpo. Me puse pestañas postizas, maquillaje oscuro y te esperé parada en
medio de mi jardín, junto al árbol de manzanas.
Era media Eva cubierta con ropa de papel, mientras las
vecinas chismosas me señalaban sin entender tus fetiches, ni tu impuntualidad.
De todos los peligros, sus lenguas bífidas eran lo que más me preocupaba. Supe
que sería expulsada del paraíso familiar porque narrarían cómo mi ropita de
papel se deshizo con la lluvia y el agua me volvió por completo una Eva.
Modelo para armar
—¿Sus piezas se venden por separado? –pregunta por teléfono
un moribundo al vendedor de órganos en el mercado negro.
El resto de enfermos esperan con ansia la respuesta.
José
reza
Para que su madre sea feliz donde esté; a su primera hermana
le cuenten cuentos antes de dormir; y la ira de Dios descienda sobre su abusador,
para eso clama el niño cada noche antes de dormir.
El papá de José
—Dile a esa chamaca
“muñequita linda”, sonríele –dice entusiasmado el papá de José.
—¡Muñeca
linda! –grita José avergonzado y se acerca a la chica. Le dice algo cerca del
oído, el padre observa. Luego de un minuto de escucharlo, ella le sonríe tímida
y José regresa.
—Ves
m’ijo, les gusta que les grites que son muñecas guapas.
Mientras
el papá habla, José se sonroja recordando lo que le dijo a la chica;
“Discúlpame, si no te grito, mi papá me golpea”.
Lección aprendida
Le mostró un muñeco Daruma para
enseñarle perseverancia, eso decía. “Cae siete veces, levántate ocho”, le dijo
mientras empujó con su dedo al objeto y éste, por su forma redonda, sin
extremidades, se levantó una y otra vez.
“Sé como el muñeco”, repitió, luego de
enseñarle una lección de disciplina (golpiza) a aquel chico que tenía en
pedazos las piernas y los brazos, pero que con las últimas fuerzas que le
quedaban se puso de pie por última vez.
Afecto
A
José le recriminaron el gusto por jugar con las muñecas porque no es cosa de hombres,
pero cuando cumplió once años su papá le regaló una inflable. José sintió
alivio, podía jugar a que la muñeca era su mamá quien lo abrazaba y decía: te amo.
José
y sus libros
“Que los hombres no pueden jugar con muñecas y muñecos”,
pensó José mientras acomodaba en su biblioteca los libros: Casa de muñecas, de Henri Ibsen; y Las Hortensias, de Felisberto Hernández, Los últimos hijos, de Luis Antonio Revillas. “Que equivocado estabas
papá”, pronunció José, en voz alta dentro de la habitación.
Vicios
José
deja a su papá una botella de ron, una cajetilla de cigarros y unos cerillos
sobre la mesa. Besa la fotografía con el rostro de su padre en la ofrenda de
muertos.
Barbara Millicent Roberts
Nació el 9 de marzo de 1959. Fue
concebida por Ruth Handler quien le propuso a su esposo, Elliot Handler,
entonces director de la compañía Mattel, hacer realidad su sueño: tener a una
chica rubia, ojos azules, delgada y pequeñita para que las niñas jugaran con
ella. Sin embargo, éste se negó porque creyó que era una mala idea, una pérdida
económica, hasta que viajaron y se dio cuenta que la muñeca llamada Lilli, del
alemán Reinhard Beuthien, se vendía bien y sus características eran exactamente
iguales a las que su esposa le había propuesto. Handler compró los derechos de
Lili y nació Bárbara, concebida en Japón, con ropa hecha a mano. Lo anterior
además de ser la historia de la muñeca más famosa vendida por el mundo, es
muestra de que a una mujer con visión hay que apoyarla.
Equipo requerido
—Quiero cinco niños, entre tres y cinco años. Deben
obedecer, tener ética laboral, responsabilidad porque a veces deben repetir
escenas y no hay tiempo de dormir o comer, y menos jugar por los pasillos de la
televisora —dice el director.
—Si los papás controlan a sus hijos y
hacen que obedezcan al pie de la letra las indicaciones, podrán firmar los
contratos donde se especifica que tampoco tienen permitido subir de peso o
quejarse de maltrato. En cuanto les cambie la cara de muñecos o la voz… se van
del proyecto —responde el productor.
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