Escritores Itinerantes: Karla Barajas — Cuatro Minificciones
I. Abuelo y papá
“Bonita la chamaca”, “Salió con su domingo siete”, “Como el papá es tan buen papá le mantiene el chamaco, saber si no tendrá más hijos”, “Qué bueno que la sacaron de la escuela y la mandaron a trabajar de criada, así aprenderá”, decían en mi colonia. El cuerpo no aprende, ahí estaba yo embarazada y explicándole a mi madre que el niño era de su esposo, mi padre, sin que mamá me creyera una vez más.
II. La deuda
-¡La muerte! –anunció el Gritón y señaló la carta del juego de lotería de don Alfredo.
-Abuelito, tienes la carta ganarás la apuesta, di lotería –informó Lorenzo, el nieto pequeño a su cargo.
Lorenzo dio un codazo al apostador. Don Alfredo temblaba de frío, su nieto sudaba por el calor o los nervios, era mucho lo que estaba en juego. Una vez más zangoloteó a Don Alfredo quien cayó sobre la mesa.
-Lotería -dijo la muerte a Lorenzo, el ahora huerfanito.
III. Competencia
Los alumnos y maestros criticaban la falta de espacios para publicar, el nepotismo dentro de las instituciones culturales y la carencia de técnicas de quienes escribían cuentos; así que las autoridades de la facultad lanzaron la primera convocatoria para publicar un libro de ese género.
“El jurado estará conformado por escritores de otros estados y los cuentos se firmarán con seudónimo para evitar cualquier tipo de favoritismo”, decían las convocatorias pegadas en varias áreas de la facultad y que los alumnos, hasta maestros, fueron despegando y tirando a la basura.
“Faltó publicidad” dijeron cuando el premio se declaró desierto.
IV. Asepsia
Lavaba con ácido el baño. Trapeaba con cloro la casa, limpiaba las superficies con desinfectante. Al principio temía tanto a los ácaros, los gérmenes y las bacterias que soportaba estoicamente la irritación en las vías respiratorias, la inflamación en la garganta y la dificultad para respirar que le provocaban los líquidos de limpieza.
Le decían que tenía el síndrome del ama de casa, pero el enfermero no está casado, ni ama limpiar su hogar, sin embargo, descubrió que el olor a cloro alejaba el hedor a enfermo y a muertos que sentía en el hospital y que por alguna razón comenzó a oler en su casa. A veces el olor era tan fuerte que hasta los fantasmas que lo seguían, se alejaban de su vivienda.
Sobre la autora…
Karla Gabriela Barajas Ramos (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 1982). Desde 2004 publica cuentos, minificciones e ilustraciones en periódicos de Chiapas, entre ellos Noticias Voz e Imagen, Mirada Sur, así como en las antologías Cuéntame un blues. Antología de Minificciones (Editorial La Tinta del Silencio, 2013); Poesía desde la coyuntura: voces para caminar (Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística, 2017); I Antología de Narrativa Chiapaneca (Editorial La Voz en Tinta, 2018); Cortocircuito. Fusiones en la minificción (Universidad Autónoma de Puebla, 2017); Memoria en blanco, Textos del Primer Diplomado en Creación Literaria en Chiapas (Colección Biblioteca Chiapas. Serie Las alas del sueño, 2017), Resonancias (Universidad Autónoma de Puebla, 2018); Segunda Antología de Escritoras Mexicanas (Ediciones El nido de fénix, 2019). Publicó Valentina y su amigo pegacuandopuedes y La noche de los muertitos malvivientes (Editorial Imaginoteca, 2016), así como Neurosis de los bichos (Colección Minitauro, La Tinta del Silencio, 2017), Esta es mi naturaleza (Editorial Surdavoz, 2018), Cuentos desde la Ceiba (Colección Bocanada, La Tinta del Silencio, 2019).
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